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domingo, 13 de enero de 2008

En el año cincuenta mil.

En el año cincuenta mil de la nueva era,
surge otra revolución,
como tantas que ocurrieron
en el esferoide Madre:
La Tierra.

Pe
ro en este asteroide
inmerso en lo profundo de la nada,
donde el tiempo se acelera
sin tregua ni descanso;
en dónde envejecemos a los diez
y a los quince somos polvo;
¿de qué sirve una revolución?

Por eso he decidido aniquilarme
destruyendo de inmediato
las cenizas de esta vida
tan efímera e inútil;
y llevaré conmigo;
a la súper gravedad,
a todos los infantes que juegan
con las armas holocáusticas
a ser dioses de titáneo.

A todos los infames
que pregonan "hombres nuevos",
desde sus cáscaras presurizadas,
los desintegraré
hasta sus cuantos más elementales...

A tan corta edad y ya estoy envenenado
por el odio y la ceguera;
pero acá la cinemática rauda y agresiva
es una ley ineludible.

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